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Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural
por los neutrales que, lavándose las manos,
se desentienden y evaden. Maldigo la poesía
de quien no toma partido, partido hasta mancharse.
Gabriel Celaya

 

Poesías anteriores

Poesías año 2008

 

Quién a hierro mata  a hierro muere

El Cori Ramdan Nas

Santiago de Cuba

Ali Salem Iselmu

Volví del Sahara ... Roberto Pino
El exilio saharaui Manuel Andrade

La arena, las estrellas y yo,el desierto, el cielo y yo.

Fuensanta Postigo Cler

 

 

Quién a hierro mata  a hierro muere

 

Sincero ha demostrado ser.

En estos dias el invasor.

Que nunca ha de querer,

 a un saharaui con amor.

 

Español siempre ha sido,

en lengua castellana maestro,

en la politica sustituido,

ejerciendo como ministro.

 

A mis hermanos saharauis.

Con este acto se percata

y rectifique ahora quien quiere.

 

En esta vida no olvideis

Quien a hierro mata.

Tambien a hierro muere.

 

El Cori Ramdan Nas

 

28 de diciembre de 2009 Territorios ocupados. El poema está inspirado en la destitución del ministro saharaui en el gobierno marroquí, Ahmed uld Lejrif. Y advertencia a todos aquellos que trabajen con el régimen, que no se engañen que por mucho que se entreguen al monarca acabarán en desuso.

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 Santiago de Cuba

 

Quien trazó las calles de Santiago de Cuba

pensó en las montañas verdes que la rodean,

en la bahía sobre la cual

se refleja esta caribeña ciudad

llena de carruajes, de coches y tamales,

la ciudad de las mulatas y de la conga oriental.

 

La más caribeña de la isla

en ti se funde lo africano y lo español.

 

Tus calurosas y húmedas tardes,

se bañan de gente, ron y música.

y tu cuerpo danza

la eterna canción de la noche.

 

Santiago de Cuba,

eterno hechizo

asentado sobre la Sierra Maestra

y mirando el mar.

 

Ali Salem IselmuTop

 
 

VOLVÍ DEL SAHARA...

 

Volví del Sahara, 

pero una parte mía, quedó allí atascada en la arena.

Volví y era como si hubiera estado siempre,

Como si conociera desde antes aquella sonrisa

en los 10 añitos de Susu,

Como si ya supiera de los ojos tristes de Brahim

al regreso de la escuela con sus cuadernos tan bien cuidados.

Era la impotencia ante el sabor del caramelo   

y ante los brazos extendidos e involuntarios de los niños.

Era como si el dolor no me alcanzara

y el desierto me tragara tirándome a la cara

las lágrimas de los abuelos con sus cortos pasos

perdidos entre las jaimas

mirando agotados hacia ninguna parte.

Eran los fríos y buenos días

despertando y soportando la carga de saber

que después de cinco días,

ibas a coger el avión.

Eran las noches empatadas con los días

soportando una hospitalidad de brazos abiertos,

Los ojos encendidos de Bashim

contando historias de sus años en Cuba

y buscando entre sus mejores palabras castellanas

las mayores ofensas y su sobrada repugnancia

hacia los responsables de estos 32 años.,

Que son los míos. 

Era la vergüenza ante la madre Matnu

y su familia sobre hombros,

Ante los médicos cubanos y los de allí,

Ante lo profundo de los razonamientos de Bashir

mientras preparaba el fuego y nos deleitaba con el ritual de su té,

Ante aquel hombrecito menudo, gigante, incansable

que respondía a un Castro

y que sostenía una montaña de esperanzas

allí, en  mitad del desierto,

Ante Javi y los otros ingenieros de la universidad

que pasaban sus vacaciones

con la rodilla pegada a la de los refugiados,

Ante las cuerdas gastadas

y los parches rotos de mi amigo Moufi,

Ante los que me enseñaron los secretos de los campamentos

y me regalaron mi pedazo de desierto,

Ante la ruda espera, ante las gastadas promesas...

Volví pero hubo cosas que no pude traerme,

Hubo lágrimas que no hallaron rendijas,

Preguntas latiendo en estas dos manos,

Allí se quedaron mis venas rebeldes,

mis angustias, mis gritos, peleando con ellos.

 

         Volví, pero no todo volvió conmigo

 

          Roberto del Pino, abril 2007Top

 

 

El exilio saharaui

 

Jaima ceñida al horizonte

como la nuve al viento

donde la tristeza sin llanto

acumula el exilio, sin objeto.

 

Hombres que giran

sobre un mismo eje

desde ayer extranjeros

en sus propias huellas.

 

Arena azul, amarilla, blanca,

gris piedra, suelo encendido,

el silencio sooro de una tierra.

 

Manuel AndradeTop

 

 

La arena, las estrellas y yo,

el desierto, el cielo y yo.

 

Cuántos granitos de arena

en semejante inmensidad,

cómo se ven las estrellas,

bella imagen celestial.

 

Ambas, imposibles de explicar,

cuántas hay,

quién lo sabe,

imposible de contar.

 

La arena como colchón,

el cielo por manta,

mil y una noches pasaría,

sí, es cierto, me encanta.

 

Me he convertido a la monotonía,

de por y para él,

por el pueblo saharaui,

por su (espero) temprana libertad,

para que esa libertad llegue,

para que libres yo los vea

y lo podamos celebrar.

 

Para que ese cariño,

y ese todo que nos dan,

se vea recompensado

con una temprana libertad.

 

Fuensanta Postigo ClerTop