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| Quién a hierro mata a hierro muere |
El Cori Ramdan Nas |
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Ali Salem Iselmu |
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| Volví del Sahara ... | Roberto Pino |
| El exilio saharaui | Manuel Andrade |
| Fuensanta Postigo Cler |
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Quién a hierro
mata a hierro muere
Sincero ha demostrado ser. En estos dias el invasor. Que nunca ha de querer, a un saharaui con amor.
Español siempre ha sido, en lengua castellana maestro, en la politica sustituido, ejerciendo como ministro.
A mis hermanos saharauis. Con este acto se percata y rectifique ahora quien quiere.
En esta vida no olvideis Quien a hierro mata. Tambien a hierro muere.
El Cori Ramdan Nas
28 de diciembre de 2009 Territorios ocupados. El poema está inspirado en la destitución del ministro saharaui en el gobierno marroquí, Ahmed uld Lejrif. Y advertencia a todos aquellos que trabajen con el régimen, que no se engañen que por mucho que se entreguen al monarca acabarán en desuso. |
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Quien trazó las calles de Santiago de Cuba pensó en las montañas verdes que la rodean, en la bahía sobre la cual se refleja esta caribeña ciudad la ciudad de las mulatas y de la conga oriental.
La más caribeña de la isla en ti se funde lo africano y lo español.
Tus calurosas y húmedas tardes, se bañan de gente, ron y música. y tu cuerpo danza la eterna canción de la noche.
Santiago de Cuba, eterno hechizo asentado sobre la Sierra Maestra y mirando el mar.
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Volví del Sahara, pero una parte mía, quedó allí atascada en la arena.
Volví y era como si
hubiera estado siempre,
Como si conociera desde
antes aquella sonrisa
en los 10 añitos de Susu,
Como si ya supiera de
los ojos tristes de Brahim
al regreso de la
escuela con sus cuadernos tan bien cuidados. Era la impotencia ante el sabor del caramelo
y ante los brazos
extendidos e involuntarios de los niños.
Era como si el dolor no me alcanzara y el desierto me tragara tirándome a la cara las lágrimas de los abuelos con sus cortos pasos
perdidos entre las
jaimas
mirando agotados hacia
ninguna parte.
Eran los fríos y buenos
días
despertando y
soportando la carga de saber
que después de cinco
días,
ibas a coger el avión.
Eran las noches
empatadas con los días
soportando una
hospitalidad de brazos abiertos,
Los ojos encendidos de Bashim
contando historias de
sus años en Cuba
y buscando entre sus
mejores palabras castellanas las mayores ofensas y su sobrada repugnancia hacia los responsables de estos 32 años.,
Que son los míos.
Era la vergüenza ante
la madre Matnu
y su familia sobre
hombros,
Ante los médicos
cubanos y los de allí,
Ante lo profundo de los
razonamientos de Bashir
mientras preparaba el
fuego y nos deleitaba con el ritual de su té,
Ante aquel hombrecito
menudo, gigante, incansable
que respondía a un
Castro
y que sostenía una montaña de esperanzas
allí, en mitad del
desierto,
Ante Javi
y los otros ingenieros de la universidad
que pasaban sus
vacaciones
con la rodilla pegada a
la de los refugiados,
Ante las cuerdas
gastadas
y los parches rotos de mi amigo Moufi, Ante los que me enseñaron los secretos de los campamentos
y me regalaron mi
pedazo de desierto,
Ante la ruda espera,
ante las gastadas promesas...
Volví pero hubo cosas
que no pude traerme,
Hubo lágrimas que no
hallaron rendijas, Preguntas latiendo en estas dos manos, Allí se quedaron mis venas rebeldes, mis angustias, mis gritos, peleando con ellos.
Volví, pero no todo volvió conmigo
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Jaima ceñida al horizonte como la nuve al viento donde la tristeza sin llanto acumula el exilio, sin objeto.
Hombres que giran sobre un mismo eje desde ayer extranjeros en sus propias huellas.
Arena azul, amarilla, blanca, gris piedra, suelo encendido, el silencio sooro de una tierra.
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el desierto, el cielo y yo.
Cuántos granitos de arena en semejante inmensidad, cómo se ven las estrellas, bella imagen celestial.
Ambas, imposibles de explicar, cuántas hay, quién lo sabe, imposible de contar.
La arena como colchón, el cielo por manta, mil y una noches pasaría, sí, es cierto, me encanta.
Me he convertido a la monotonía, de por y para él, por el pueblo saharaui, por su (espero) temprana libertad, para que esa libertad llegue, para que libres yo los vea y lo podamos celebrar.
Para que ese cariño, y ese todo que nos dan, se vea recompensado con una temprana libertad.
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