| Ya es hora
- Debe haber algo ya
sea objetivo o no que pueda enfocar una luz sobre la cruel realidad que
vivimos. -Propuso A-
- Escribir poesía. -Respondió B-
- ¿Vamos, poesía? Deja eso, la poesía nunca ha sido una palanca para los
pueblos, la poesía es un fenómeno lento y patoso que bosteza mirando las
estrellas mientras la realidad fluye ya sin pasado ya sin futuro, mientras
ella con los brazos cruzados nos contempla desde la ribera. -Sentenció A-
B se incorpora, con una ceja torcida.
- ¿Cómo puedes pensar así? La poesía puede ser una arma cargada de esperanza
que humaniza a la gente y es más cercana y más amigable al corazón, y ese
algo que tú dices, porque la poesía es luz y no sólo para ver, es también
una luz para sentir.
- ¿Que más quieres ver? Todo está más que claro, mira dónde vivimos y cómo
vivimos y desde cuándo lo vivimos. Y te das cuenta que no se necesita
ninguna lupa para el corazón ni para ver, nuestra realidad exige más que
palabras, yo puedo entender que la poesía conmueve por un rato, es bella,
incluso humaniza como tú dices, pero eso no basta cuando todos estos
factores no salen de lo que es la estructura individual de lo humano y sólo
sirven para amueblar cómodamente la inteligencia de las estanterías.
- No, debes saber que la poesía es una de las riquezas más valoradas para
entender una cultura y gracias a nuestra poesía en hasania aunque de ella se
ha escrito muy poco a pesar de que nunca murió, conocemos hoy nuestra tierra
y el amor que sentimos por ella y por este amor estamos escribiendo poesía,
una poesía de protesta, de amor, de idiosincrasia, en fin una poesía
saharaui escrita para el mundo, con una cimentación de versos de paz y de
libertad, contra el silencio de los intencionados y como una puerta abierta
para los que nos quieren dar un abrazo porque son legales y no toleran las
injusticias.
- ¿Acaso nosotros toleramos las injusticias? Y llevamos más de treinta años
injusticiados, confinados en campamentos de refugiados, torturados en celdas
de la ocupación, obligados a emigrar y vivir divididos. No, nosotros tampoco
toleramos las injusticias, pero sufrimos las injusticias de este mundo que
nos ignora en su miserable comodidad, y ahora tú me hablas de escribir
poesía para el mundo, un mundo que no transpira y se pudre por dentro porque
no tuvo tiempo de mirar o simplemente no nos quiere mirar, un mundo
hipotecado por la inercia del consumo donde cada vez importan más los
productos que los pueblos, donde la política y los políticos se ceban los
bolsillos ya lejos de las ideologías y los ideales y más cerca de sus
intereses que poéticamente llaman “intereses nacionales”, y ahora me dices
escribir poesía, ¡vamos hombre! La poesía sola, carente de un compromiso
activo y funcional en beneficio de nuestro pueblo es como la sombra de una
acacia en medio del desierto y sólo porque existe la acacia sino, sería la
nada en la nada.
- Pero esta poesía está inspirada en nuestra realidad y bebe de nuestras
idiosincrasias y de nuestro anhelo a la libertad y es la forma más pacífica
de luchar y de demostrar al mundo nuestro apego a nuestras reivindicaciones,
a ser libres o ¿acaso esto no es nada?
- ¡Vamos! Yo no dudo de las buenas intenciones, pero hay que saber también
que el infierno está lleno de buenas intenciones, no descarto esta forma de
lucha a través de la poesía pero lo que te digo es que no basta que sea tu
única arma, porque es un arma que no pesa, no se cuelga sobre el hombro,
incluso es cómoda bajo tus sábanas, es más, la poesía no es una arma, es un
modo que tienes tú, como lo tengo yo al beber de esta taza. La poesía en sí
debe ser un complemento más en lo que podemos hacer por nuestra causa y no
dejarnos arrastrar como uno más de este país que nos acoge en nuestro
segundo exilio, siempre hay que mirar atrás para no olvidar nuestro gran
error. Y no olvidar a aquellos que lo dieron todo en su justo momento para
que ahora presumamos de escribir poesía como “un arma cargada de esperanza”.
Saleh Abdalahi
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