A aquella resplandeciente generación de los años 60
Al principio el homenaje
me resultaba difícil y hasta llegué a imaginarlo imposible debido a la
escasez de información seria y fidedigna para escribir sobre aquellos
jóvenes que estudiaron en los primeros años de aquel auge colonial español
en el territorio. Pero la tarea me la tracé como una meta y empecé a
contactar con quienes estimé que podrían recordar aquella época después de
transcurridos más de 30 años.
La idea venía rondando mi cabeza buen tiempo, pero no sabía cómo arrancar
sin referencia y empezar a carburar la materia. Entonces pensé que Bujari
Ahmed podría darme pistas, me decidí a escribirle un correo electrónico;
pero resultó que justo en esos momentos estaba enfrascado en otras
preocupaciones de sus tareas diplomáticas por lo que opté por escribirle
en otra ocasión mas propicia. Lo intenté entonces con otros jóvenes de
aquella generación.
Escribí a Bazoca en México, y me dio pistas sobre otros, me recomendó que
preguntara a Mohamed Ali Ali Salem y Brahim Mohtar Ali, entre otros.
Mohamed Ali, el poeta, y Mohamidi Fakal-la, que envía puntualmente relatos
sobre aquella época, me proporcionaron valiosa información. Además,
reflexionando sobre todo esto, me acordé que mi amigo Sidi Saleh Tayeb
vivió esa etapa al formar parte de aquella juventud, así que no le di más
vueltas y me acerqué a la delegación saharaui en el barrio de Lavapies,
donde me recibió en su despacho.
Allí estuvimos conversando, sin que faltara el ilustre compañero de la
conversación saharaui, el té verde, alrededor de una hora y media. A pesar
de no ser suficiente tiempo para recoger la información y procesarla,
aproveché cualquier detalle que me pareció relevante. En la charla
aparecieron muchos nombres que yo no conocía, otros sí me eran conocidos.
Pero mi intención era ir más a fondo y precisar datos de algunos
personajes que me servirían para realizar mi propósito con minuciosidad y
documentarme acerca de la vida de cada uno. Insistí en recabar datos sobre
Bujari Ahmed, El Hanafi Mohamed Chej, Brahim Mojtar Ali, Moulud Said,
Ozman Habib Kentaui y Bol-la Ahmed Zein, entre otros.
Hice hincapié sobre estos nombres por el nivel y formación que adquirieron
en aquellas circunstancias. Me pareció importante tomarlos como punta del
iceberg en toda esta temática. Debo reconocer que Sidi Saleh o “Buyemin”
como yo lo llamo cariñosamente, demostró en nuestra entrevista una buena
memoria de aquel período colonial, teniendo en cuenta que pasaron muchos
años desde entonces para retener y especificar detalles en algunos casos.
Enfrascado en la tarea llegó el momento de presentar mi libro “Versos
refugiados” en Casa de África, era el día 14 de diciembre de 2007, día de
San Juan de la Cruz, patrón de los poetas, como me comentó mi amiga la
escritora Ana Rossetti, fecha que no podría ser más alentadora para darme
buena suerte y sorpresas.
El día anterior había llamado a un gran amigo del pueblo saharaui, Javier
Perote, para que asistiera a la presentación del libro y en nuestra
conversación saltó el tema de una revista que yo tenía anotada para buscar
en la Biblioteca Nacional, me la recomendaron ya que en ella tal vez se
podría encontrar trabajos sobre ese grupo de estudiantes. Entonces Javier
me comentó que no me preocupara porque él tenía esa revista, y con ella me
prestaría además una selección del Semanario de la Provincia que se
editaba aquellos años en El Aaiun. Se trataba de una recopilación de
varios números del periódico que recogía temas selectos de la vida de la
población en los años cincuenta, sesenta y setenta.
El hallazgo era de incalculable valor para mi trabajo, y me sirvió de
catalizador para dar comienzo a un homenaje que no esperaba más y que
brotaba de mi corazón desde que empecé a escribir en el exilio.
Y sin más preámbulo emprendí la lectura de la revista Irifi, del Instituto
General Alonso de El Aaiun, tomando como primer paso estas líneas del
prólogo de la revista, en las que se dejaba claro el cometido de la
edición en la ex provincia española Sahara Occidental: “(…) que en su
primer número fue un mensaje del desierto y que en su segunda edición
pretendió ser un envío que el Instituto Mixto de Bachillerato de El Aaiun
hace a otros alumnos y a otros centros”.
Me enfrasqué en su lectura en el metro, en mis horas de descanso en el
trabajo y en casa, viajando por tren y de tanta alegría que me daba la
información se me empezaban a mezclar las averiguaciones, pero a la
segunda lectura ya estaba asimilando los apartados y los autores de los
trabajos literarios que aparecían en sus gastadas y grisáceas hojas. En
estas líneas se dejaba entender qué trabajos contenía la revista “los
amaneceres del Sahara, su flora y su fauna, poéticas leyendas y cuentos
que corren de boca en boca, verso y prosa, periplos por el desierto, todo
un mundo real, pero lleno de encanto y de poesía, desfilan en esas páginas
escritas por los alumnos en las clases o enviados por los que han sido y
están hoy en facultades universitarias o en escuelas especiales”.
Indudablemente esos jóvenes sin saberlo estaban progresando
para ser el motor de la metamorfosis de un cuerpo que produciría la
conciencia nacional saharaui y las aspiraciones de la futura nación.
Subrayé en la revisa Irifi unos párrafos de un artículo escrito por Bujari
Ahmed cuando cursaba el tercer año de Derecho en 1972, y mantenía su
colaboración con la revista del instituto; aún no había nacido el
Polisario en aquellos años “(…) solamente la juventud que va a las
escuelas, a los institutos o a las universidades, puede tener conciencia
de su misión. Se necesita una juventud que tenga las manos desatadas, pues
no se puede trabajar en una obra de arte con una camisa de fuerza”.
Este planteamiento dejaba entrever hasta qué nivel llegaba la conciencia
que poseían esos jóvenes en aquellos años y coyunturas; estaban maduros
para enfocar sus ideas en pleno auge colonial y no estar aislados de la
fiebre de emancipación que disfrutaban los países africanos y asiáticos
que lograron su independencia de las potencias occidentales en los años
60, y de las revoluciones que surgieron en latinoamérica.
Ya había señalado anteriormente lo difícil que me resultó al inicio el
trabajo, pero la frase de Bujari me ayudó mucho “no se puede trabajar
en una obra de arte con una camisa de fuerza”, la revista, el
Semanario de la Provincia y los contactos que hice rompieron las barreras
y me adentré en la historia de esa brillante generación de la que apenas
se conoce su esplendida trayectoria.
Recogí nombres de los alumnos saharauis que escribían relatos y poesía en
la revista, curso 1971-1972 en El Aaiun, como Bujari Ahmed, ex alumno y
estudiante de 3º de Derecho; Chej Ramdan Nas, estudiante de 6º y residente
en el Colegio Menor; Lehbib Braica Brahim, del consejo de redacción de
Irifi; Brahim Mojtar Ali Buyema, alumno de COU; Buyema Masaud Embarec,
estudiante de 1º de Filosofía y Letras; Ahmed Mohamed Mulay Ali; Malainin
Mohamed Ahmed, estudiante de 6º curso; Ahmed Salec Caid Saleh, Sleiman
Ramdan y Ahmed Fal Mohamed, de éstos tres últimos no hay referencia de sus
estudios en la revista; Malainin El Hach Embarec, de 5º de letras. Algunos
de ellos formaban parte del consejo de redacción como Lehbib Breica, Chej
Ramdan Nas, Ozman Habib Kentaui, junto a estudiantes españoles y
profesores del Instituto General Alonso de El Aaiun.
Para no alargarme en este homenaje he recogido de forma muy breve parte de
sus trabajos literarios que aparecían publicados en la revista. Sin restar
ninguna importancia a ello, sería muy adecuado abordarlo como tema de
investigación y análisis en próximos proyectos de estudio, ya que es un
fondo muy importante para trasladar con más detenimiento e información a
las actuales y futuras generaciones.
Malainin El Hach Embarec escribía “a veces me pregunto por qué se
tienen deseos que no se pueden realizar, por qué el alma aspira a tanto y
luego se encuentra con tan poco”, pasaje de un artículo aparecido en
Irifi en una edición de 1972 y titulado “Falta de ilusión”.
Brahim Mojtat Buyema dedicaba esta reflexión a la mítica ciudad de Smara,
destruida en parte y quemada su biblioteca por las tropas meharistas del
coronel francés Mouret en 1913. “Mientras estos sueños me envolvían,
el Sol desaparecía en poniente y sus rayos dibujaban mil formas
caprichosas entre los arcos de la piedra negra de la mezquita en ruinas”.
Buyema Masaud Embarec recogía en un artículo publicado con
título “Mustafa, el diablo y la nube”, un cuento sobre la voluntad de dios
en el desierto. “Mustafa, humano al final, estaba ya apunto de
decidirse a vender su alma al diablo por un poco de agua, mientras luchaba
heroicamente en su interior. En el horizonte comenzó a llover. ¡Gracias,
Dios, gracias! – murmura Mustafa -. El desconocido, vencido por Alá, se
aleja con la cabeza baja, mientras un trueno retumba”.
Bujari Ahmed Barical-la, dedicaba un amplio trabajo de dos
columnas publicado en aquellos últimos años de presencia española al
“Cambio de vida en el Sahara”, centrado en el rol que debería desempeñar
la juventud saharaui de la época: “Este ideal está limpiamente
enfasado con la juventud; una juventud que se desvincula de todos los
prejuicios del pasado que no son útiles, y es más, son un freno para ese
ideal”.
Chej Ramdan Nas, en alusión a la unidad y en cerrar filas
entorno a un ideal saharaui sin fisuras y por la paz, reflexionaba
“aportad vuestro esfuerzo para el logro de un mundo mejor donde haya paz y
amor, justicia y comprensión”. Lo escribía en “Carta a mis compañeros
saharauis” publicada en la revista del Instituto de El Aaiun 1972.
Quisiera constatar que aparecen muchos trabajos colectivos realizados por
otros jóvenes de esa misma generación sobre la fauna y flora, y es el
ejemplo de Ahmed Fal Mohamed, Habib Kentaui, Sleiman Ramdan y Mohamed
Saleh El Bachir. Este trabajo emerge explicado en una nota de redacción
como dirigido y supervisado por el profesor encargado de la cátedra de
ciencias naturales, don José Luis Marco Bueno.
Muchos de esos jóvenes seguro que se acordarán de Carmen Gómez Juste, ex
alumna del Instituto, que en aquel entonces cursaba 4º de Económicas y 2º
de Periodismo. Me detuve para leer minuciosamente una carta de despedida
que escribía a El Aaiun, el joven moreno, inteligente y simpático que
llenaba su corazón y que abandonaba aunque no era ese su deseo.
He querido destacar algunas líneas que me parecen un homenaje a aquellos
jóvenes, recuerdo para muchas chicas y chicos españoles que compartieron
pupitres y recreos en los patios de colegios, institutos, facultades, un
mundo mezclado de amor, amistad y complicidad que se vivió intensamente
por muchos y muchas en aquellos últimos años de presencia de la metrópoli
en el territorio. Carmen escribía: “Querido Aaiun: son las últimas
horas que estoy contigo. Últimas por ahora. Quiero volver. Siempre sueño
con volver. Pero siempre vuelvo más tarde de lo que yo querría. Quiero
pensar como si no me fuera. Y, sin embargo me voy. Y no quiero. Me voy y
me detengo en cualquier lugar para sentir tu sol. Me gusta cuando me
quema”. Seguro que Carmen sentía en su propia carne la ya preparada
traición de sus conciudadanos.
Lamento no haber podido hasta ahora encontrar algún trabajo de El Hanafi
Mohamed Chej y Bol-la Ahmed Zein. No me doy por vencido en la búsqueda. Me
consta que El Hanafi estudió en el mismo instituto, pasando luego a la
universidad, se matriculó en la Faculta de Biología en Madrid. Miembro
fundador de la Unión de estudiantes saharauis con varios de estos jóvenes
en 1974, fue una gran promesa pero el destino le tenía reservado otro fin,
caer por la causa con la que estaba comprometida esta brillante
generación. Hanafi murió en 1976 dejando un gran recuerdo entre todos sus
condiscípulos.
Bol-la estudiaba en Dajla, antiguo Villa Cisneros, cursó la carrera de
Medicina en la península y fue Ministro de Sanidad en el primer gobierno
saharaui; cayó donando su sangre para salvar a los heridos de los
bombardeos marroquíes a la población del campamento de Um Draiga en 1976.
Muchas dignas historias protagonizaron aquellos estudiantes años más
tarde. Algunos formaron parte del Movimiento de Basiri en el año 1970, que
luego sirvió como embrión para el nacimiento del Frente Polisario. Otros
cayeron luchando en los primeros años contra la invasión mauritano
marroquí del territorio. Otros más son hoy carismáticos dirigentes y
diplomáticos que siguen luchando por los mismos ideales y principios que
abrazaron en aquellos años de estudiantes.
Bahia Mahmud Awah, Generación de la Amistad Saharaui