
Sahara. Las dos caras del muroPOR ERENA CALVO TINDUF (ARGELIA)/EL AAIÚN (SAHARA OCCIDENTAL) FOTOS: LUIS DE VEGA http://www.abc.es:80/20070429/domingos-domingos/sahara-caras-muro_200704290252.html Me extraña que Maimuna siempre sonría. Dice que ya no le quedan más lágrimas. «Se las ha quedado todas el desierto». No sabe cuántos años tiene, aunque cree que ronda los 37 porque no pasaba de los seis cuando tuvo que abandonar su casa. Su rostro cansado se ilumina cuando habla de El Aaiún, donde vivía con su familia «hasta que llegó la Marcha Verde y nos tuvimos que ir». Recuerda el mar, un mar que no ha vuelto a ver y con el que confía reencontrarse pronto. Mientras, pasa los días en la wilaya que lleva el mismo nombre que la ciudad que le «arrebataron» los marroquíes. Una de las cinco en las que se organizan los campamentos de Tinduf, levantados en el desierto argelino, una región árida, rocosa y castigada por el sol. Allí conviven cerca de 200.000 saharauis, según cifras no oficiales, unas 80.000 según la ONU. Maimuna sabe que tiene suerte. Trabaja en una guardería y sus hijas estudian informática y español. Las tres viven en una casa de adobe, una chabola que es todo un palacio si se compara con las tiendas de algunos de sus vecinos, desfondadas todavía tras las inundaciones de hace un año. Pero el problema principal es la desnutrición. Lo cuenta a ABC Salek Baba, ministro de la Cooperación de la República Árabe Saharaui Democrática que lidera el Frente Polisario. «Todos los meses revisamos y fijamos las raciones, que repartimos equitativamente entre las familias». Explica que el retraso en la firma de los convenios con los distintos organismos de cooperación internacional ha hecho que se reduzcan las ayudas hasta un 43 por ciento. Médicos como Hassan o Jatri piensan lo mismo. Se quejan de la falta de medios para realizar su trabajo. Junto a ellos, otros 170 médicos, la mayoría preparados en Cuba, atienden a los saharauis. En las mismas calles que Maimuna tuvo que abandonar hace 31 años, en El Aaiún, miles de saharauis siguen resistiendo para liberar a su pueblo. Tahar es uno de ellos. Torturado durante años en cárceles secretas de Marruecos, enseña su cuerpo lleno de cicatrices, aunque asegura que tardan más en curar las del corazón. Sidi Mohamed Daddach, presidente del Comité de Apoyo a la Autodeterminación, y Hmad Hammad, su vicepresidente, ven cada vez más cerca la liberación y se muestran satisfechos de la postura del secretario general de la ONU a favor del derecho de autodeterminación. «Nuestra espera es larga, pero nos respalda la legalidad internacional, aunque haya países como Francia o España que se desmarquen de ese contexto». No ha sido fácil hablar con ellos. El Aaiún está plagado de policías y de agentes secretos que vigilan a estos activistas. «Desde la Intifada (iniciada en 2005) todo está mucho peor», cuentan Tamek, Haidar y Brahim Numria, del Colectivo de Defensores Saharauis de los Derechos Humanos. Como ex presos han sufrido la represión en sus carnes, y ahora luchan para que no se repitan casos como los de Lambarki o Lahklifi, muertos en los últimos meses. Piden que cesen los registros en las casas y otras violaciones; que los miembros de una manifestación pacífica no terminen quemados en una comisaría, como el hijo inválido de un anciano que habla con esta reportera; que los niños no sean encarcelados o que presos políticos juzgados sin garantías no tengan que hacinarse en la infame Cárcel Negra. Cerca del barrio de Matala, centro de las manifestaciones en El Aaiún, se despliegan varios carros de combate. La vigilancia también es férrea en torno al Tribunal donde son juzgados Amidan El Ouali y otro saharaui, ambos condenados a cinco años por presunto sabotaje a la cinta de la mina de fosfatos de Fos Bukraa. Ni testigos, ni pruebas. El único instrumento de decisión es el informe de la Policía, cuentan los abogados presentes en el juicio. Siempre es así, añaden los saharauis, aunque dicen que la situación ha mejorado gracias a los observadores españoles del Consejo General de la Abogacía. Para Brahim Laghzal, vicepresidente de Cultura y Comunicación del Consejo Real Consultivo para Asuntos Saharauis (Corcas), una institución creada por la Monarquía alauí para intentar que el Sahara se quede bajo soberanía de Rabat, las cosas no están tan mal. Piensa que la situación en El Aaiún es de calma, a excepción de algunos problemas de orden social y económico. Opina que el Plan de Autonomía es una buena oportunidad para solucionar el conflicto. Un plan que los saharauis de uno y otro lado del muro no piensan aceptar jamás. Por eso han presentado el suyo. «Nadie puede decidir por nuestro pueblo», claman sin cesar.
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