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La paciencia de los carroñeros
Todos recordaremos aquella foto, impresionante, en la que se podía ver, en primer plano, un niño desnutrido, en cuclillas; detrás, un buitre, más grande que el niño, espera silencioso, paciente, la muerte del niño.
Esta foto puede ser una buena metáfora de lo que aconteces con el pueblo saharaui. Los buitres, poderosos, esperan que el pueblo saharaui acabe, cayendo, por la desnutrición.
Mientras, los buitres no pierden el tiempo, y van expoliando las riquezas naturales del territorio ocupado por Marruecos. Van destruyendo las señas de identidad de este pueblo. Van eliminando, también físicamente, a sus miembros, que son torturados, y asesinados. Ahora las autoridades marroquíes pretenden firmar un acuerdo de pesca con la Unión Europea. A pesar que este tratado supondrá más puestos de trabajo para los pescadores (las licencias serían –mayoritariamente- para los pescadores españoles) no es moral, ni legítimo, ni de derecho, esta nueva acción para secar los recursos de los saharauis. Es una –otra- violación del Derecho internacional. Significa tratar a los saharauis como mercancía.
Ni los EEUU llegaron tan lejos. Cuando firmaron un tratado del Libre Cambio con Marruecos, excluyeron, explícitamente, el territorio del Sáhara Occidental.
En este caos, pues, los buitres son europeos: los que se opusieron a la ocupación de Irak (por motivos económicos y comerciales), ahora quieren legitimar la ocupación del Sáhara Occidental (por motivos económicos y comerciales).
Y todo esto, mientras los saharauis, exiliados, han visto como los aguaceros han destruido más de la mitad de las –frágiles- infraestructuras que les han permitido esperar pacientemente durante los últimos treinta años, la definitiva descolonización de su territorio.
Pero esta catástrofe climatológica, que ha movilizado a los ciudadanos de nuestro país, también ha servido a los buitres para lavarse la cara, y afirmar –satisfechos- que han enviado no-sé-cuántas toneladas de ayuda humanitaria. Cuando lo que necesitan, lo que reclaman, lo que reclamamos, es la solución al contencioso que está forzando a un cuarto de millón de personas a sobrevivir en medio del más árido de los desiertos, la Hamada de Tinduf.
Salvador Pallarès-Garí Presidente de ACAPS la Safor
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