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SÁHARA OCCIDENTAL: LA ÚLTIMA COLONIA EN ÁFRICA
Frank Ruddy* Embajador de los Estados Unidos de América
(retirado) World Affairs Council
Alaska
*Ex Vicepresidente de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO)
WESTERN SAHARA: AFRICA’S LAST COLONY
Frank
Ruddy*
Juneau October 31, 2007
*Former Deputy Chairman
Original Text in English:
http://arso.org/RuddyAlaskaspeech2007.htm
http://arso.org/RuddyAlaskaspeech2007.pdf
EL SÁHARA OCCIDENTAL: LA ÚLTIMA COLONIA EN ÁFRICA
Frank Ruddy*
Embajador de los Estados Unidos de
América (retirado) *Ex Vicepresidente de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental
(MINURSO) Original Text in English:
http://arso.org/RuddyAlaskaspeech2007.htm
http://arso.org/RuddyAlaskaspeech2007.pdf .........................
Miembros del World Affairs Council, distinguidos invitados, damas y caballeros:
Me complace haber sido invitado para hablarles sobre el Sáhara Occidental. Para prepararme esta visita, he visto antes la película Into The Wild. Esperaba que mi alojamiento fuera un autobús de colegio usado. Pero me he visto gratamente sorprendido cuando me han enseñado una estupenda habitación de hotel. No obstante, voy a tener cuidado con las hierbas que le echo a la ensalada.
Su Consejo, como su propio nombre indica, tiene una sana curiosidad por lo que está sucediendo en todo el mundo. Mis predecesores en esta tribuna han sido los presidentes de Mongolia e Islandia. Me alegro mucho de que la atención de ustedes se centre ahora en África del Norte, Marruecos, y en qué ha hecho y está haciendo la ONU para resolver la invasión y retención por parte de Marruecos de lo que es la última colonia en el mundo: el Sáhara Occidental. Voy a hablarles brevemente sobre la historia del conflicto del Sáhara Occidental, mi papel en el primer y fallido referéndum y las perspectivas de entonces y de ahora, en 2007, para resolver este conflicto. Mi intención es reservar mucho tiempo para sus preguntas, ya que las preguntas del público son siempre la parte más interesante de cualquier presentación.
EL LUGAR:
En enero de 1995 fui testigo en la sesión del Congreso sobre cómo la ONU gastaba el dinero de los contribuyentes americanos. Les voy a hablar de Chuck Lichenstein, antiguo embajador de los Estados Unidos ante la ONU y viceembajador de la embajadora Jeane Kirkpatrick. Pese a su proximidad a la institución, o quizás precisamente por ello, no era un gran entusiasta de la ONU. Puede que aún recuerden sus famosas observaciones de 1983. Chuck dijo: “Si los miembros de Naciones Unidas han llegado a la sensata conclusión de que no son bienvenidos y no son tratados con la amistosa consideración que merecen, Estados Unidos anima encarecidamente a los Estados miembros a que se planteen seriamente abandonar, y que esta Organización abandone, la tierra de los Estados Unidos. No pondremos obstáculo alguno en su camino, y les diremos adiós con la mano desde el puerto mientras se alejan en el ocaso”.
Los indígenas del Sáhara Occidental, unos nómadas conocidos como saharauis, emplearon la fuerza para resistirse a los colonizadores marroquíes mediante su brazo armado, el Frente POLISARIO, al igual que antes habían opuesto resistencia a los colonizadores españoles. Finalmente, Marruecos, no sin antes quedar malparado, sofocó al POLISARIO, pese a su escasez de armas y de soldados. Los saharauis no se rindieron, sino que crearon un Gobierno en el exilio en Argelia.
En 1991, el Plan de Paz de la ONU para el Sáhara Occidental consiguió un alto el fuego y un referéndum para la autodeterminación supervisado por la ONU, que permitiera al pueblo saharaui decidir si quería integrarse en Marruecos o convertirse en un Estado independiente. Si alguna vez hubo un trabajo hecho a la medida para la ONU, era éste. Se estableció que el referéndum se celebraría en 1992, pero [luego] se pospuso hasta 1994. En ese momento es cuando yo intervine.
Los observadores marroquíes de las sesiones de registro de votantes habían observado a bote pronto que la gente del Sáhara Occidental quería la independencia, no la integración con Marruecos. El modo en que Marruecos se enfrentó a esa realidad incómoda fue posponer el referéndum indefinidamente, hasta que no pareciera viable, para poder permanecer exactamente en el mismo lugar donde estaba, controlando el Sáhara Occidental. Justamente lo que hizo.
Cuando estaba acabando mi año en el Sáhara Occidental, me dieron órdenes de que presentara mis informes conjuntamente al representante del Secretario General de la ONU y al representante de Marruecos. Ya ni siquiera se pretendía que hubiera una misión independiente de la ONU en el Sáhara Occidental.
Lo que expuse ante el Congreso sobre la escandalosa actuación de la ONU en el Sáhara Occidental no era una visión personal. El abuso por parte de Marruecos de la gente del Sáhara Occidental, y la impotencia de la misión de la ONU para detener ese abuso, eran públicos y notorios. La misión de la ONU era el hazmerreír de la diplomacia en Rabat. Los cascos azules asignados a esta misión, así como los funcionarios de la ONU, sabían que la misión había desistido de la celebración de un referéndum libre y justo. Por ese motivo, el periodista Chris Hedges, de The New York Times, no tuvo ningún problema en conseguir la información que necesitaba para exponer en letra impresa la vergüenza que constituía el referéndum.
El lenguaje petulante de la ONU y sus apáticos resultados invitaban al escepticismo, pero cuando en 1997 se anunció que Baker, antiguo Secretario de Estado, iba a encargarse de volver a poner en órbita este referéndum, muchos nos quedamos impresionados. Más que impresionados, diría yo. Por primera vez en mucho tiempo, yo tenía esperanzas. Fui a la conferencia que dio en el Capitol Hill [Congreso de EE.UU.], y leí con mucho interés los informes sobre sus reuniones en Marruecos, Argelia, Lisboa y Londres. Él iba a salir del “impasse” o, como él decía, al menos se enteraría de quién estaba ralentizando el [proceso del] referéndum. Él era la gran esperanza de un acuerdo pacífico.
Es conveniente que hablemos de estas cosas ahora porque el mundo acaba de conmemorar, porque no se puede decir celebrar, el 32 aniversario de la invasión del Sáhara Occidental por parte de Marruecos. No podemos decir celebrar, a no ser que estuviéramos dispuestos a celebrar también la brutal invasión de Timor Oriental por Indonesia, que es lo más parecido a la invasión marroquí.
Otro punto que conviene señalar es el enorme gasto de dinero en el referéndum: se calcula que unos 100.000 dólares al día en fecha tan lejana como 1995. Por entonces eso se consideraba una cantidad escandalosa. Hoy en día se podría considerar calderilla, tras el informe Volcker sobre el escándalo de la ONU del Programa Petróleo por Alimentos. Sin embargo, hay varias similitudes entre ambos casos.
El Secretario General de la ONU, Kofi Annan, cuyo hijo prosperó gracias al escándalo del Programa Petróleo por Alimentos [the Oil for Food Scandal], era el jefe de las fuerzas de paz de la ONU, y por lo tanto de la MINURSO, cuando comenzó el [proceso preparatorio del] referéndum. En la MINURSO mostró la misma negligencia en el cumplimiento de sus deberes de gestión que la que sería documentada más tarde en el Informe Volcker.
QUÉ SALIÓ MAL EN EL [PROCESO PREPARATORIO DEL] REFERÉNDUM[1]:
Portavoces árabes que trabajaban para la ONU me informaron de que los saharauis que se registraban como votantes se quejaban (en hassanía, el dialecto árabe local) de que algunos amigos y familiares suyos se habían registrado para votar en los centros que regentaban los marroquíes, pero que nunca aparecieron en las listas de votantes. Los marroquíes los habían privado del derecho al voto. Otros se quejaban de que sus amigos o familiares estaban en la lista para registrarse como votantes, pero que los marroquíes no se lo permitieron. La policía marroquí mantenía a raya a todo el que no hubiera sido aprobado por las autoridades marroquíes. La gente que venía a registrarse determinado día, ni siquiera podía entrar. Sólo podían hacerlo los que tuvieran el sello de aprobación marroquí. Así, los marroquíes controlaban quién se registraba para votar. Bienvenidos al estado policial marroquí del Sáhara Occidental. Por supuesto, esto no es lo que cabía esperar, y tampoco es el tipo de proceso que se supone que la ONU estaría dispuesta a financiar.
Marruecos no quería y sigue sin querer el referéndum, porque los riesgos superan en mucho a cualquier posible ganancia. Desde su punto de vista, el status quo no es tan malo. Pero, desde el punto de vista de las relaciones públicas, Marruecos no puede permitirse el lujo de parecer el malo de la película y sigue encontrando maneras de retrasar el referéndum hasta que todo el mundo se canse del tema. Es una táctica a largo plazo que, en ocasiones, resultas simplemente absurda. En una ocasión, como si fuera una obra de Ionesco, Marruecos detuvo el proceso de identificación durante más de una semana, a un precio, otra vez, de 100.000 dólares al día, por la cuestión de si un adverbio empleado en un programa propuesto por la MINURSO era el más apropiado. Esto provocó un intercambio de cartas formales y una buena dosis de objeciones petulantes. Si Marruecos estaba realmente interesado en aclarar el asunto, y no en simplemente retrasar el proceso, se podía haber solucionado en dos minutos, con una llamada de teléfono del antiguo embajador togolés, que hablaba francés y era quien había redactado la carta.
Estaba previsto que el proceso de identificación comenzara el 15 de junio de 1994, pero su comienzo se retrasó dos meses y medio, con un coste de millones de dólares, mientras la ONU, los saharauis y Marruecos se metían en más negociaciones que representaban una pérdida de tiempo, esta vez sobre cómo llamar a los representantes de la Organización para la Unidad Africana (OUA) que iban a venir a observar la identificación. Los marroquíes habían abandonado la OUA años antes, porque esta Organización había reconocido la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), el nombre diplomático de la patria saharaui, y Marruecos decía que no quería que la gente de la OUA participara en el referéndum. Los representantes de la OUA formaban parte del proceso del referéndum y, como bien sabían los marroquíes, tenían que estar allí. Al final se llegó a un acuerdo sobre cómo se les tenía que llamar, y se permitió la entrada a los representantes de la OUA. Lo absurdo es que todo esto ya se había resuelto en 1993, así que no había necesidad de volver a inventar la rueda una vez que había comenzado el [proceso preparatorio del] referéndum.
A todo el que se registraba para votar le entregaban un recibo y, cuando se hizo pública la lista de los que podían votar, se suponía que las personas que aparecían en dicha lista iban a entregar esos recibos para que les dieran una papeleta. En vez de eso, lo que estaba sucediendo en El Aaiún, la capital del Sáhara Occidental, era que los saharauis que volvían de los centros de registro de votantes eran forzados a entregar sus recibos a los marroquíes. Esto permitía a personas sin derecho a voto presentar los recibos y obtener papeletas. En Chicago lo llamamos voto fraudulento. El proceso de registro de votantes comenzó de verdad el 28 de agosto de 1994, simultáneamente en el Sáhara Occidental y en Argelia, sede del Gobierno saharaui en el exilio. Podemos decir con toda certeza que, para esta fecha, la MINURSO dejó de ser una operación gestionada por la ONU y pasó a ser el instrumento utilizado por Marruecos para dominar el proceso de identificación de los votantes.
Para comprar espacio en los medios de comunicación marroquíes es necesario obtener un permiso del Gobierno, y Marruecos siempre había negado a la ONU el permiso para comprar espacio en los periódicos o en la radio marroquíes, al objeto de poder informar a la gente de que tenía que registrar su voto. (La libertad de prensa es otra víctima más de un Estado policial). Pero eso era moco de pavo en comparación con lo que iba a suceder después del 28 de agosto. El antiguo Primer Ministro británico, Harold Macmillan, se refirió a la técnica que emplearían los hermanos Borgia para invadir una ciudad del Norte de Italia. Viendo cómo obraban los marroquíes, me acordé de su descripción.
Durante las semanas siguientes, Marruecos, y no la ONU, era quien nos daba instrucciones sobre nuestro trabajo y nuestros horarios de vuelo. La ONU trabajaba cuando los observadores marroquíes lo consentían. Los marroquíes insistieron también en que los aviones de la ONU volvieran vacíos, y a un gran coste, de El Aaiún, donde estaban aparcados, cruzando el desierto hasta llegar a los campos de los saharauis en Argelia. Así llevaban a los observadores marroquíes de vuelta a casa y, de paso, demostraban que el proceso estaba bajo su control.
En resumen, durante el tiempo que pasé en el Sáhara Occidental, Marruecos llevó a cabo una campaña de terror contra el pueblo saharaui, sin que el representante elegido a dedo por Boutros-Ghali moviera una ceja. Como ya he señalado anteriormente, no había visto nada parecido desde que vi en acción al Gobierno sudafricano del apartheid contra los negros sudafricanos, cuando visité el país a principios de la década de 1970 con Roy Wilkins, que era jefe de la N.A.A.C.P. (Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color). No es sólo que Marruecos ejerciera influencia en el referéndum, sino que lo controlaba hasta el más mínimo detalle, por ejemplo qué días funcionaba la misión. Marruecos pinchó los teléfonos de la ONU, interceptó su correo y registró con toda impunidad las habitaciones donde vivían sus empleados. Y lo que es más importante, las autoridades marroquíes privaron por doquier del derecho al voto a los votantes saharianos, y los reemplazaron por infiltrados marroquíes.
Su inspección, como era de esperar, consistió en blanquear la misión, y fue literalmente de risa. John Bolton dijo, por aquel entonces, que si un inspector general federal hubiera hecho un informe así, se habrían carcajeado de él y le habrían echado de la ciudad antes de que se secara la tinta de su firma.
El Consejo de Seguridad, bajo el liderazgo del embajador argentino, Emilio Cárdenas, rechazó el informe estilo Inspector Clouseau del Inspector General a los pocos días de su aparición. Según The Washington Post, el embajador Cárdenas calificó el informe de inspección de “cuentos chinos de la MINURSO”.
La ONG Human Rights Watch, con sede en Nueva York, publicó un devastador informe de 38 páginas sobre la MINURSO, documentando flagrantes violaciones de los derechos humanos y fraude de votos [vote fraud] cometidos por Marruecos en las mismísimas narices de la misión. Como era de esperar, ni la misión ni la ONU hicieron comentario alguno.
Para poner la guinda sobre el pastel de la ONU —una cuarta parte de cuyos gastos, aproximadamente, pagamos ustedes y yo y todos los contribuyentes de Estados Unidos—, les diré algo más. Cuando el ex Ministro de Justicia estadounidense Dick Thornburgh trabajaba como Subsecretario de Gestión de la ONU, le presentó a Boutros-Ghali un informe para mejorar su funcionamiento, eliminando gastos innecesarios y fraudulentos y ahorrando cientos de millones de dólares. Boutros-Ghali, como declaró públicamente Thornburgh, ordenó que se suprimiera el informe y se destruyeran las copias que quedaran. (Afortunadamente, Dick conservó algunas).
Pero no quiero abandonar esta tribuna con un malentendido. Pese a todo lo que he dicho aquí hoy, y a que evidentemente me ha decepcionado el comportamiento de la ONU, no estoy en contra de Marruecos. Puede que, salvo en lo que respecta al Sáhara Occidental, pueda ser un buen aliado nuestro. Incluso afirma (erróneamente) que ha sido nuestro primer aliado contra los británicos. El problema que tengo con ellos es que invadieron el Sáhara Occidental tan ilegalmente como Indonesia invadió Timor Oriental, y una vez allí Marruecos se comportó de forma indigna, sin que le frenara el menor temor a [posibles] sanciones de nuestro Departamento de Estado.
Pero los hechos son tozudos y se empeñan en salir a la luz, por más que Marruecos se empeñe en esconderlos. Ya hemos mencionado la opinión [dictamen] del Tribunal Internacional sobre la cuestión, una decisión no favorable a Marruecos que, como era previsible, Marruecos pasó por alto, invadiendo el territorio saharaui. Pese a las docenas de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU desde 1975, reafirmando el derecho de los saharauis a la autodeterminación, y pese al Comité de la ONU sobre Descolonización, que trataba al Sáhara Occidental como colonia marroquí, Marruecos continúa situándose por encima de la ley, bien afianzado en su control del Sáhara Occidental, la última colonia en África. Los abogados anglosajones utilizan una expresión, res ipsa loquitur, que quiere decir que la cosa habla por sí sola, y significa que en ciertas situaciones transparentes como el cristal, la presunción de culpabilidad se deduce de la mera exposición de los hechos. Este es el caso del Sáhara Occidental.
Ahora, los marroquíes proponen un plan de autonomía limitada para el Sáhara Occidental, por supuesto bajo supervisión marroquí. El plan marroquí de autonomía limitada para El Sáhara Occidental podría parecer un paso adelante, al menos cuando no se lee la letra pequeña. Porque el Artículo 6 de este plan estipula que Marruecos conservará sus poderes en todo lo concerniente al ámbito de la Corona, especialmente en cuanto a Defensa, Relaciones Exteriores y las prerrogativas constitucionales y religiosas de su majestad el Rey. En otras palabras, los marroquíes están ofreciendo la autonomía en todo, menos en lo que realmente importa.
La historia de este conflicto es absolutamente descorazonadora para quien crea en el imperio de la ley. Voltaire, que no tenía mucha fe en el sistema jurídico internacional, fue meridianamente claro tras reseñar el más famoso tratado de derecho internacional de su época, el Droit des Gens de Vattel: “¿Un derecho internacional para todas las naciones? ¡Ya sólo falta que hablen de un código de conducta para los gángsters y salteadores de caminos!” Y las cosas no han cambiado tanto desde entonces. Marruecos se ha comportado sin el menor escrúpulo desde que invadió el Sáhara Occidental porque tiene tremendas presiones internas para hacerlo así. Esas mismas presiones políticas internas requieren, desde que comenzó el conflicto, el gasto de miles de millones de dólares para eliminar la posibilidad de un Estado independiente al sur de Marruecos.
Para resarcirse de los extraordinarios gastos de su agresión, Marruecos intentó, entre otras cosas, explotar todos los recursos petrolíferos que pudieran existir cerca de la costa [aguas territoriales] del Sáhara Occidental hasta que, en 2002, el Asesor Jurídico de la ONU, Hans Corell, intervino para señalar que “…la exploración y saqueo de los recursos marinos, y otros recursos naturales, de los territorios coloniales y territorios no autónomos, por parte de intereses económicos foráneos viola las resoluciones relevantes de las Naciones Unidas y es una amenaza para la integridad y la prosperidad de dichos territorios”. La traducción de esta jerga jurídica es que Marruecos, como potencia ocupante pero no administradora, debe dejar de esquilmar los recursos naturales del Sáhara Occidental.
En la actualidad, 70 países reconocen al Sáhara Occidental, aun cuando Marruecos ha estado intentando intimidar, con tácticas abusivas, a algunos de los países más pequeños para que retiren este reconocimiento. El Sáhara Occidental también es miembro de pleno derecho de la Unión Africana, sucesora de la Organización para la Unidad Africana. Estos hechos exigirían, cuando menos, la contención de la UE, pero no ha sido así.
[1] N. del T.: El autor se refiere, en todo momento, al proceso preparatorio del referéndum, ya que éste aún no se ha celebrado (diciembre de 2007). |