11/12/2007

Sáhara

Cuando escuchamos “Sáhara” nos viene a la mente el romanticismo de las dunas, los rojos atardeceres, el silencio de kilómetros y kilómetros de desierto. Nos olvidamos de la población que tuvo nacionalidad española y lleva treinta y dos años ocupada en su tierra, refugiada en Argelia y exiliada por toda la faz de la tierra.

Todo porque un día, el mismo que murió Franco, Marruecos invadió a la fuerza de seres humanos y bombas Napalm las tierras del Sáhara; apresando en sus casas a quienes no pudieron huir y desterrando a la espera, al resto. El Estado español se salvaguardó en su transición hacia la Democracia, para olvidarse de la que fue una de sus provincias y que administrativamente, todavía hoy, depende de ella porque nunca la descolonizó. Estas Navidades, nos reuniremos en torno a una mesa para compartir con nuestra familia platos de calamares, gambas y pulpo proveniente de uno de los mayores bancos de pesca del mundo, el saharaui.

Sin embargo, es el gobierno marroquí, y su rey, quienes disfrutan de los beneficios económicos del banquete. Si te atreves a pegar un molusco atlántico a tu oreja, descubrirás la proclama más repetida en El Aaiún, Smara, Dakha, Ausserd, Rabuni, Laguera, Tichla, Bucraa y Tifariti :“Sáhara jorra, Sáhara libre”.

Pilar Ramírez Inglés, Zaragoza